Feliz Navidad

Es ahora en esta época del año, cuando está cerca la Navidad, cuando uno se llena de recuerdos, de nostalgias.
Se nos escapa el tiempo, estamos atrapados en esta historia de las fiestas, en la tradición que se repite y nos aferramos a nuestras convicciones, a nuestra memoria y sobre todo a nuestra familia.
Yo le doy las gracias a esa suerte que es tener una mujer, unos hijos, unos nietos y algunos amigos, muy pocos, que te parapetan de sinsabores y sinrazones.
Cuando tanto se habla de pérdida de valores, una familia es esencial porque te da cohesión y una perspectiva de futuro.
Saber que a pesar de las dificultades de todo tipo tienes el apoyo de los tuyos es esencial para no desfallecer.
Seguro que alguno de ustedes estará pensando que les estoy largando un rollo, pero si lo piensan bien, la familia, nuestra familia es lo más importante en el camino, en la vida de cada uno de nosotros.
Dicho esto quiero hablarles de lo que para mi es la Navidad.
En estas fechas se agolpan los recuerdos de nuestra niñez y llenos de añoranza recordamos a los seres que hemos perdido.
Recordamos la mesa familiar, en algunos casos llena de estrecheces, pero compensada por el amor.
Como olvidar el cariño de nuestros padres, la cena de Noche Buena o la comida de Navidad, preparadas con tanto cariño.
Recuerdo y trato de recuperar la mesa bien puesta, con los mejores detalles. La mejor cubertería, la vajilla más importante y la cristalería más adecuada. En definitiva las mejores galas y el placer de una cocina de terruño rica y sencilla.
Por ejemplo un cardo con una salsa de almendras. Dios ¡que delicia!.
Un cardo de tierras aragonesas que añoro muchas veces. Porque no es lo mismo el cardo congelado o en conserva que el recién recolectado fresco y sabroso.
Y también el besugo al horno o el pollo de corral bien asado, aquellos pollos con los que nos chupábamos los dedos.

A este respecto siempre añoraré aquellos jamones, que aunque de cerdo blanco, formaban parte de la despensa familiar y los cochinos se alimentaban en casa durante un  año para ofrecer jamones de gran peso con un tocino sonrosado, un olor indescriptible y un sabor único.

En el recuerdo y nos alimentamos de ellos, las navidades de nuestra niñez forman parte de lo mejor de nosotros.

Pero no nos pongamos nostálgicos. Hoy como ayer, podemos repetir si la familia no se ha roto, año tras año, el ritual de las fiestas que marcan el solsticio del invierno.

Por eso desde Opípare quiero desearles unas fiestas muy felices. No olviden las tradiciones: el turrón, el cava… con el que brindaremos y nos desearemos ¡Felices Fiestas!.

Feliz Navidad para todos los lectores de Opípare, es decir para  los que aman el arte de vivir.

MF

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