Insectos para consumo humano: ¿Una cuestión de seguridad alimentaria?

Hace ya algunos años, Llorenç Petràs, propietario de la famosa parada de setas del Mercado de la Boquería de Barcelona, decidió comercializar insectos comestibles, como hormigas, grillos o gusanos. La iniciativa tuvo un gran éxito y funcionó durante unos cuatro años, hasta que la Agencia de Salud Pública de Barcelona, con el pretexto del vacío legal existente en la materia, esto es la inexistencia de normas europeas y españolas que regulasen el consumo humano de insectos, le obligó a retirar de la venta dichos productos.

En efecto, la venta de insectos para consumo humano no está permitida, o más bien no está regulada, en nuestro país, ni en la mayoría de países de la Unión Europea, lo que impide que se puedan comercializar. Se espera desde hace tiempo que la autoridad alimentaria europea elabore una lista de las especies de insectos que se podrán comercializar, pero todavía no se ha hecho.

La contradicción es evidente, porque mientras que no es posible encontrar en el mercado insectos para consumo humano, es posible consumirlos en algunos restaurantes que compran los insectos a proveedores extranjeros, y a su vez, insectos que se producen aqui, se venden a clientes extranjeros.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación), lleva años defendiendo que los insectos, que se consumen de forma habitual en muchos países del mundo, tienen un gran valor nutricional porque son fuente de proteínas, grasas , vitaminas y minerales, que pueden ser una forma de combatir el hambre, y también, que pueden enriquecer las diferentes gastronomías.

Sentado lo anterior, cabe preguntarse porque todavía no es posible comercializar insectos para el consumo humano en nuestro país. La barrera cultural es evidente, no forma parte de nuestros hábitos alimenticios, pero ¿Y la legal? ¿Porque todavía no se ha regulado la venta de insectos para consumo humano?

Seguramente el motivo sea que ningún empresario se ha interesado en seguir el procedimiento previsto para la obtención de la autorización, es decir, para que los insectos lleguen al consumidor, pues el mismo resulta costoso, se alarga en el tiempo, y además el resultado es incierto pues depende de lo que dictaminen las autoridades españolas y europeas competentes en la materia.

Los insectos son “nuevos alimentos”, pues los mismos entran en la definición del artículo 1 del Reglamento (CE) n° 258/97 del Parlamento Europeo y del Consejo de 27 de enero de 1997 sobre nuevos alimentos y nuevos ingredientes alimentarios, que establece que los mismos son los que no se utilizaban en cantidades significativas (“utilizados en una medida importante para el consumo humano en la Comunidad”) antes del 15 de mayo de 1997 en la alimentación humana en la Unión Europea (es decir en el momento de la entrada en vigor del Reglamento) por lo que la empresa que quisiera obtener la autorización para vender insectos en España para el consumo humano, tendría que seguir el siguiente procedimiento, que se divide en 3 grandes fases:

Fase I: La persona responsable de la puesta en el mercado en la Comunidad, que el Reglamento Europea denomina el «solicitante», presentará una solicitud al Estado miembro en el que el producto vaya a ser puesto en el mercado por primera vez, en nuestro caso será la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y enviará copia de dicha solicitud a la Comisión. A partir de ese momento empieza la fase de evaluación inicial, que debe tramitarse en el plazo máximo de 3 meses y que termina con la emisión de un dictamen favorable o desfavorable sobre la continuación del procedimiento de autorización.

Fase II: El Informe de evaluación inicial se hará llegar a  todos los Estados Miembros, que podrán presentar observaciones (defectos de forma o aspectos de contenido que no impiden la autorización del producto) y objeciones (que podrían paralizar la autorización) al producto. En ambos casos, el solicitante puede contestar a cada una de estos inconvenientes del producto manifestados, para su satisfacción. En caso de aceptación de todos los Estados Miembros, la Comisión elaborará y publicará una decisión por la que se autoriza la comercialización de dicho producto en Europa. Por el contrario, en caso que no exista acuerdo entre ellos sobre la inocuidad del producto, se solicita una evaluación adicional.

Fase III: Aquí entramos entramos en la última fase en la que la EFSA (Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria), a través de los expertos científicos que forman parte de ella, deberá realizar, en el tiempo necesario para ello, una evaluación adicional que notificará a quien lo haya solicitado. Si aún tras el informe de evaluación de EFSA no hay acuerdo respecto a la aprobación del producto, se remitirá al consejo para su votación, que se pronunciará por mayoría cualificada.

A modo de conclusión, y aunque algunos insectos están presentes en nuestra vida sin que la mayoría de nosotros lo sepamos (me refiero a ciertos componentes de productos), lo cierto es que aún queda mucho por recorrer para que podamos encontrar en el mercado, junto a las verduras o la carne, insectos para llevar a nuestra mesa. Y no sólo por un tema de seguridad alimentaria, que también, sino básicamente porque no forman parte de nuestra gastronomía y nuestra cultura.

Estefanía Fernández – Jausas Legal & Tributario –

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